La Obra que Sale Mal
Es una manera de afirmar negando, o de negar afirmando, que
el orden de los factores no altera el producto. Verá: entre mejor sale es peor,
o entre peor salga es mejor. El ridículo es virtud, y la verdadera virtud se
esconde en el defecto, como el esqueleto entre la carne, los nervios, la piel,
el vestuario.
Esta obra de entrada descoloca por su paradoja, y cómo nos
reímos en el error.
Me identifico en lo absoluto. Allí está el humor. En la obstinación
del grupo, entre comillotas, mediocre, tan igual a mí, a tantos, que a pesar de
todo, contra viento y marea, levantamos muebles por el centro, ensayamos en las
noches tras un día largo de trabajo, nos robamos el vestuario de la mamá, del
hermano, para vestir la obra, y hasta hay quienes se buscan, de ser necesario,
un permisito médico para capar jornada en eso de ganarse la vida, porque sencillo:
el show debe continuar, así toque hacer a Jesucristo con un solo apóstol,
porque para los otros once actores no alcanzó el presupuesto.
Qué linda manera de desnudar el
mundo desde la risa. En lo personal esto me hace encontrarla muy
existencial. ¿Ligera? Claro, no mentiras… más bien liviana. Aunque no crea, la
diferencia es abismal. A lo que voy es que esta obra la encuentro súper profunda, y es un ejemplo claro que la diversión también nos puede hacer navegar en lo más hondo de nosotros mismo.