LA COSSIO DESNUDA, UNA PARÁBOLA SOBRE LA SOBREVIVENCIA
Este domingo viendo La Cossio Desnuda en la Maldita Vanidad,
seguí confirmando lo grato que es ver a la persona real en escena. Alguna vez
le oí a alguien decir: no eres tan interesante para el escenario, haz al personaje.
Blá. ¿Qué es el personaje para poder hacerlo? ¿Qué es Hamlet sino un diseño
hecho a base de tinta sobre el papel? ¿Dónde, en qué plano platónico, vuelan
los personajes como entes para ir a cazarlos en un vuelo creativo y
esquizofrénico? El personaje no existe. No así. No hay un Hamlet o un Orgon que
ir a buscar por ahí. Hay personas que los hacen, los construyen y en el fondo,
lo más interesante son esas personas, más incluso que los personajes. Esta idea
tiene un fundamento sólido y simple, y es que el teatro es en todo su sentido
humano. Recoge humanos y nos muestra a unos con otros. Y tienen los actores y
directores esa magia de ordenar la humanidad en una dramaturgia absoluta (es
decir, una dramaturgia de todo el espectáculo), para dignificar la vida por
medio de la poética específica de cada obra.
La Cossio, en su humanidad total, es una sinécdoque de
nuestro país más pop, un recorrido desde la ingenuidad y pureza de una mujer
que, sobreviviendo con optimismo, termina envuelta inocentemente en el mundo
del espectáculo colombiano, topándose con un destino que ya la traía fichada:
el de la actuación. Sí. El Oráculo, provisto de nuevos medios (por ejemplo, la
telenovela de la noche, Francisco el Matemático) le había señalado un derrotero
al que ella tenía que llegar por un lado o por el otro. En alguno de los audios del documental Listen to me, Marlon; la voz de Marlon
lanza una reflexión profunda: para él, dice, la actuación es sobrevivencia.
Sobrevivir, en su sentido más puro, nos hace actuar. En la Cossio, entre tintes
cómicos, apuntes audaces, y una extensa y amorosa burla de sí misma, la actriz
hace tangible desde ella misma, desde su humanidad, desde su cara tan sonada en
nuestros imaginarios, desde su historia, la veracidad de una afirmación como la
de Marlon. Actuar es sobrevivir. Y a sobrevivir sólo se aprende viviendo. La Cossio,
al aprender a actuar, sobrevivió a todo, hasta a ese destino trazado por el
oráculo cultural que dictaba (¿o dicta?) que la madre en casa para su hija y su
marido, y que el pobre trabaja sin tanta expectativa y punto. Menos mal llegó
al teatro. Tanto talento y energía derrochado en otras cosas habría sido muy
triste.
Antes de irme a seguir mis deberes, otra cosa: cuánto disfruto estas obras que nos narran, que nos revuelven el imaginario inevitable de lo que somos, porque también somos eso: Francisco el matemático, los cielos de Manrique, el rostro de Mónica, la fiebre por salir en televisión, La Cossio, los plásticos que envuelven el cuaderno, la fascinación por la televisión, nuestra farándula, el perrenque paisa por el trabajo. En fin. Sigo insistiendo: qué rico y saludable para la nación, verse a sí misma en el teatro.