En pleno despuntar de nuestra formación teatral, vale la
pena preguntarnos ¿de qué forma es el teatro útil para la sociedad? Y aún
podemos – y debemos- ensanchar la
envergadura de esta cuestión,
expandiéndola hacia términos más generales ¿de qué forma es el arte útil para
la sociedad? Responder no será fácil. De cualquier modo, sírvanos de consuelo
la convicción de que la pregunta es más importante que toda las posibles
respuestas que se nos puedan ocurrir.
La cuestión no es nueva. Ya platón propuso hace más de
veinte siglos una solución con dejo amargo para los artistas y dulce para el
utilitarismo económico. El ateniense, sin pelos en la lengua, arguyó -¡y de qué
manera!- que los artistas son inútiles e inconvenientes para el desarrollo
civil de una sociedad en boga, porque promueven la concupiscencia de las
pasiones entre los hombres y amanera a los soldados.
Sin embargo, la filosofía platónica en este aspecto es harto
contradictoria. Desde el modo de expresarla, platón trasluce su intento fallido
de traición a su propio oficio; no el de filósofo, sino el de poeta. Dice la
leyenda que para volverse discípulo de Sócrates (ese enemigo incansable del
arte) platón quemó todas sus tragedias consagrándose así a la búsqueda infinita
de la verdad. No obstante, basta leer una página del banqueta o de cualquiera
de sus diálogos para embelesarse en la retórica preciosa de su prosa, oscilando
entre el placer y el goce literario. Si platón rechaza la poesía es porque le sobra, porque él mismo es fuente
fértil de imágenes y mitos. De todos modos, nadie busca lo que ya tiene.
Pero el planteamiento platónico se mantiene vigente y es muy
practicado en nuestra actualidad. Según este sistema dizque educativo que nos
tocó, el arte no sirve para nada, no está certificado como forma de
conocimiento ni solucionador de problemas “¿qué estudia usté? Teatro ¿y eso pa´
qué?”, ¿De qué le sirve a un músico ser diestro en el violín para resolver el
icfes, emprender una “microempresa”, disminuir los índices de pobreza o
aumentar las exportaciones? De nada. Lo importante aquí son las ciencias duras,
positivistas, las que dan el pan y producen cifras. No se me malinterprete sin
embargo, porque respeto y admiro en todo a las ciencias duras y además, afirmo
que todo artistas también debe conocerlas. Pero ese no es el tema aquí, y yo ya me estoy yendo por la tangente.
Lo que sí es claro es que, si el arte es útil, esa utilidad
no es medible ni cuantitativa ni inmediatamente. Revisemos ya algunas posibilidades
de utilidad del arte:
La imaginación es la
base del respeto, el arte estimula la imaginación y la alteridad: sospecho
que la incapacidad de “ponerse en los zapatos del otro” es uno de los orígenes
del crimen. Si antes de ejercer una acción sobre alguien, imagino lo que él
sentirá, me identifico con su posible e inminente congoja, esa condición de ser
“otro” evitará que cometa un crimen contra él. Pero la alteridad potencial de cada
individuo es estimulada con la ficción. Cuando vemos personajes en las tablas,
y nos afectan, nos identificamos con ellos, poniéndonos en sus zapatos.
El arte es
conocimiento: porque toda obra de arte transmite una experiencia humana, la
del artista. A su vez, toda experiencia humana enseña algo sobre el mundo y su
relación con el hombre, revelando algo
de la profunda condición humana.
El arte nos anuncia
sobre la difícil tarea de vivir: responsabilizándonos frente a la vida, el
destino y la consecuencia de nuestras acciones.
