domingo, 16 de febrero de 2014

EL PROBLEMA DE LA UTILIDAD DEL ARTE.


En pleno despuntar de nuestra formación teatral, vale la pena preguntarnos ¿de qué forma es el teatro útil para la sociedad? Y aún podemos – y debemos-  ensanchar la envergadura  de esta cuestión, expandiéndola hacia términos más generales ¿de qué forma es el arte útil para la sociedad? Responder no será fácil. De cualquier modo, sírvanos de consuelo la convicción de que la pregunta es más importante que toda las posibles respuestas que se nos puedan ocurrir.  

La cuestión no es nueva. Ya platón propuso hace más de veinte siglos una solución con dejo amargo para los artistas y dulce para el utilitarismo económico. El ateniense, sin pelos en la lengua, arguyó -¡y de qué manera!- que los artistas son inútiles e inconvenientes para el desarrollo civil de una sociedad en boga, porque promueven la concupiscencia de las pasiones entre los hombres y amanera a los soldados.
Sin embargo, la filosofía platónica en este aspecto es harto contradictoria. Desde el modo de expresarla, platón trasluce su intento fallido de traición a su propio oficio; no el de filósofo, sino el de poeta. Dice la leyenda que para volverse discípulo de Sócrates (ese enemigo incansable del arte) platón quemó todas sus tragedias consagrándose así a la búsqueda infinita de la verdad. No obstante, basta leer una página del banqueta o de cualquiera de sus diálogos para embelesarse en la retórica preciosa de su prosa, oscilando entre el placer y el goce literario. Si platón rechaza la poesía  es porque le sobra, porque él mismo es fuente fértil de imágenes y mitos. De todos modos, nadie busca lo que ya tiene.

Pero el planteamiento platónico se mantiene vigente y es muy practicado en nuestra actualidad. Según este sistema dizque educativo que nos tocó, el arte no sirve para nada, no está certificado como forma de conocimiento ni solucionador de problemas “¿qué estudia usté? Teatro ¿y eso pa´ qué?”, ¿De qué le sirve a un músico ser diestro en el violín para resolver el icfes, emprender una “microempresa”, disminuir los índices de pobreza o aumentar las exportaciones? De nada. Lo importante aquí son las ciencias duras, positivistas, las que dan el pan y producen cifras. No se me malinterprete sin embargo, porque respeto y admiro en todo a las ciencias duras y además, afirmo que todo artistas también debe conocerlas. Pero ese no es el tema aquí,  y yo ya me estoy yendo por la tangente.

Lo que sí es claro es que, si el arte es útil, esa utilidad no es medible ni cuantitativa ni inmediatamente. Revisemos ya algunas posibilidades de utilidad del arte:
La imaginación es la base del respeto, el arte estimula la imaginación y la alteridad: sospecho que la incapacidad de “ponerse en los zapatos del otro” es uno de los orígenes del crimen. Si antes de ejercer una acción sobre alguien, imagino lo que él sentirá, me identifico con su posible e inminente congoja, esa condición de ser “otro” evitará que cometa un crimen contra él. Pero la alteridad potencial de cada individuo es estimulada con la ficción. Cuando vemos personajes en las tablas, y nos afectan, nos identificamos con ellos, poniéndonos en sus zapatos.
El arte es conocimiento: porque toda obra de arte transmite una experiencia humana, la del artista. A su vez, toda experiencia humana enseña algo sobre el mundo y su relación con el hombre, revelando  algo de la profunda condición humana.
El arte nos anuncia sobre la difícil tarea de vivir: responsabilizándonos frente a la vida, el destino y la consecuencia de nuestras acciones.


Pero no tomen, por favor, estas consideraciones como respuestas absolutas. Considérenlas, critíquenlas, desnúdenlas, descuartícenlas, enfréntenlas, desafíenlas. Lo importante aquí, como dije arriba, es la pregunta, porque cuestionarnos en esta materia es una responsabilidad moral de nuestro oficio.